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El Dojo
El dojo


Por todo el mundo existen numerosas instalaciones de entrenamiento para las artes marciales asiáticas. Sin embargo, muy pocos de estos lugares alcanzan el título de dojo. Los términos más comúnmente usados son estudio o gimnasio, en general, mucho más apropiados. Estas instituciones enseñan solamente la cáscara de un arte y ni entienden ni intentan transmitir su arte. Y no hay mal en ello, ya que el cliente corriente en tales lugares solo está interesado en cambiar su cuerpo y no tiene deseo alguno de alterar su personalidad.
La palabra dojo puede traducirse literalmente como  lugar-forma".

La palabra implica que este es un lugar en donde los estudiantes intentarán darse cuenta de la realidad fundamental del arte que han elegido. Un gimnasio enseña técnicas, como lo hace el dojo, sin embargo, en un dojo, las técnicas son vistas solo como un medio para un fin. Las técnicas deben de ser dominadas, pero eso es solo el comienzo, no el final del estudio. La meta de un gimnasio es enseñar a una persona nuevas cosas; la meta de un dojo es la de transformar a la persona en algo nuevo. Un gimnasio enseña cómo matar, un dojo enseña cómo morir. El miembro de un dojo no piensa en luchar ni tampoco en no luchar, él intenta ir detrás de este nivel y comprender la verdadera esencia del conflicto.

Aunque el entrenamiento inicial en un gimnasio y en un dojo es idéntico, las metas son diferentes por completo y así los métodos. Un gimnasio tiene profesor y alumnos; un dojo tiene maestro y discípulos. El alumno sigue las clases para adquirir nuevo conocimiento; el discípulo, conocido como deshi, sigue las clases para experimentar una transformación espiritual. El acto de convertirse en deshi es la primera fase en este proceso. Un posible deshi, antes de ser aceptado, debe demostrar una correcta actitud de nyúnanshin. Esto significa tener un espíritu flexible y ser capaz de dejarse moldear por el dojo. Convertirse en un deshi requiere que una persona rinda su ego al maestro, al sensei. De hecho él dice: Aquí estoy haga conmigo lo que quiera.

Físicamente, un dojo adecuado tendrá una apariencia bastante severa y funcional. Reflectando una definida influencia Zen, la belleza en un dojo es adquirida no con cosas sino con la ausencia de ellas. Un dojo no es una iglesia, pero que tiene muchas de las características de una institución religiosa. No es un gimnasio, pero a primera vista, el ejercico físico parecerá ser la actividad primaria. No es un cuartel militar, pero la disciplina es similar a la disciplina militar. La disciplina es quizá la diferencia más distintiva entre un gimnasio moderno y un dojo tradicional. Los gimnasios modernos hacen muchas concesiones en sus programas y sus métodos de entrenamiento para ajustarse a los requisitos de sus alumnos. Por otro lado, el dojo es inflexible, los deshi realizan toda la adaptación. La rígida disciplina hace este proceso inevitable e impersonal.

Cada centímetro cuadrado del suelo del dojo tiene una cierta antigüedad relativa con cada uno del resto de centímetros cuadrados y debe de ser tratado con el respeto adecuado. A un deshi no le está permitido utilizar una sección del dojo la cual no le corresponda a su grado. Esto se lleva a todas las relaciones entre los deshi que no tengan el mismo rango. Un discípulo nunca considera sentarse en un lugar del dojo que no es apropiado para su rango y toma el mismo cuidado al seleccionar dónde se sienta en relación a otros deshi: mira hacia su superior y selecciona un lugar en el tatami    que sea de menor rango que el de dicho superior. La indumentaria y la actitud son impecablemente correctas, dentro y fuera del dojo. Un uniforme inmaculado para el entrenamiento y un traje conservador en la calle es la norma, menos que esto se considera signo de un espíritu perezoso e indisciplinado. Los uniformes de entrenamiento son solo eso: uniformes. Llevar un uniforme  personalizado o con más ornamentación de lo necesario es un signo de ego, y el ego es algo que el discípulo intenta destruir.

El sensei no es tanto un profesor sino más bien un guía. La palabra sensei es traducida literalmente como "nacido antes lo que indica que el sensei ha estado antes en el lugar que intentan alcanzar los alumnos. Es su tarea como kancho, maestro jefe del dojo, asegurarse que los discípulos caminen en la dirección correcta. Él indica sencillamente el camino correcto, el viaje real es para el deshi. Un buen sensei no impresiona tanto por lo que hace sino más bien por lo que podría hacer. Irradiando una intensidad de voluntad aterradora, nunca es tratado de forma descuidada. Aunque él nunca, bajo ninguna circunstancia, pedirá ser tratado con respeto sus discípulos de mayor rango insistirán en ello. Ellos considerarán cualquier signo de familiaridad hacia su sensei como un insulto personal y reaccionarán en consecuencia pero no harán para honrar al hombre. Un buen sensei preferiría que todos se comportasen de forma más natural, sin embargo los deshi de mayor rango comprenden el valor de la disciplina, saben que inclinarse hacia el sensei es un ejercicio espiritual que llevará a un beneficio personal propio. Saben también que una disciplina relajada debilitará a todo el dojo. (Este es el único instante en un dojo tradicional en donde los deseos del sensei pueden ser desatendidos. Cuando él ordena que no hace falta inclinarse, los deshi deberán replicar: Sí, señor (e inclinarse más aun si cabe).

Incluso el sensei tendrá una posición secundaria con respecto al templo en el dojo, el shinza. Ya sea grande o pequeño, simple u ornamentado, el templo ocupa el más alto lugar en el dojo. Sin excepción, todo dojo tiene un templo y éste debe ser tratado con gran respeto. Al igual que la espada de un samurai es más que solo un utensilio, el shinza representa la verdadera alma del dojo. No importa cuan importante o grande sea el individuo, el shinza le recuerda constantemente lo mucho que le queda todavía por andar. Cuando combinas todo esto (la actitud disciplinada de los deshi, el sensei y las características físicas del dojo) tienes un lugar muy, muy especial. Un lugar que aterroriza al neófito y que es una adicción tan fuerte como el narcótico más potente para los deshi. Para estos discípulos, el dojo lo es todo. Es un lugar de gran serenidad y gran violencia Allí habrá humildad y tremenda autoridad. Puedes ver tales cosas en otros lugares, sin embargo solo en un dojo las verás simultáneamente en una persona. Durante varias horas cada semana, el discípulo de un dojo tradicional vive a una fracción de centímetro de quedarse lisiado o incluso de la muerte. Durante una sesión de entrenamiento común la tensión psicológica es tanta que se puede sentir. Es como si hubiera electricidad en el aire, una electricidad que quema el ego individual y transforma a los deshi en algo diferente, algo aterrador y bello.

¿Qué tipo de hombres son estos discípulos? Son hombres duros. No hay niños en un dojo tradicional por que el estudio de la muerte no es para el inmaduro. Tampoco verás al aficionado o al soñador aquí. Lo que encontrarás es un amplio espectro de adultos de variadas ocupaciones con una abundancia de profesionales. Oficiales del ejército, ingenieros, ejecutivos y policías, todos ellos son hombres que viven con poder y comprenden su valor.
No es que el discípulo haga cosas diferentes al alumno, es que él hace las cosas de diferente forma. Un alumno en una escuela de autodefensa aprende técnicas para el combate. El discípulo de un dojo va mucho más allá de eso. Él se sumerge tan profundamente dentro de su arte que su ego es ahogado. Mientras el alumno busca coleccionar cosas, el deshi está ocupado renunciando a ellas. Él da y da y vuelve a dar hasta que no queda nada, solo una cáscara vacía. En ese punto luchar y no luchar es lo mismo. Entonces sin haberse dado cuenta de la transformación también él se ha convertido en sensei, el maestro de su propio dojo. Entonces puede sentarse y no hacer nada, solo permanecer sentado pero con una extraña y terrible belleza.

Para guardar y comprender si es que este es su camino Héctor R. Riveros


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